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31
Mar

1. La observación desde ciudad: Luna y planetas

Fichas de astronomía.

1. La observación desde ciudad: Luna y planetas

En pleno siglo XXI nos encontramos una paradoja en el ámbito de la Astronomía, una de las muchas paradojas que se dan en un mundo lleno de contrastes. La tecnología, herramienta de la Ciencia, nos ofrece unos maravillosos telescopios al alcance de cualquier persona con un poco de interés por la astronomía. Con unos instrumentos de aficionado, incluso desde el modelo más sencillo, cualquiera podría realizar observaciones que harían palidecer a Galileo o a Newton de envidia, en cuanto a precisión, nitidez y facilidad de manejo. Sin embargo, estos venerables personajes, al igual que toda la humanidad hasta hace menos de un siglo, gozaban de algo que nosotros ya no poseemos: un cielo oscuro. El alumbrado público nocturno, necesario por un lado, pero mal planificado y derrochador por otro, alumbra generalmente de manera ineficiente, enviando una cantidad inútil de luz hacia el cielo en vez de hacia el suelo. La luz que se propaga hacia arriba en las ciudades ilumina todas las partículas de polvo en suspensión, muy superior este, debido a la generación contaminante de calefacciones, vehículos, industrias, etc., respecto al medio rural. La atmósfera contaminada e iluminada provoca ese conocido efecto de “hongo” que apreciamos de noche cuando nos aproximamos a Madrid, desde cualquier punto de la periferia de la Comunidad.

Si nos encontramos inmersos en éste área, cuando miramos hacia arriba, a pie de calle, no vemos apenas estrellas. Una estrella, aun relativamente brillante, es un puntito de luz que vemos en claro contraste sobre un cielo oscuro, pero si el cielo nocturno es del color grisáceo/anaranjado a causa de la contaminación lumínica, el contraste se pierde en gran modo y muy a menudo seremos incapaces de ver incluso estrellas de primera magnitud. Pese a esto, si dentro de la ciudad nos podemos aislar en una zona poco iluminada (el centro de un parque, por ejemplo), o podemos subir a lo alto de un edificio, las farolas quedarán fuera de nuestra vista y no nos deslumbrarán, que es otro de los efectos indeseables que provocan en el observador. Desde una de estas posiciones podremos llegar a ver estrellas relativamente brillantes y apreciar la forma de las constelaciones más significativas. En esta época del año podemos ver hacia el norte la Osa Mayor (la Osa Menor se ve incompleta si hay contaminación lumínica). Mirando hacia el sur tendremos Orion, una de las constelaciones preferidas por los aficionados, y Leo, muy apreciada por la cantidad de galaxias que contiene.

Pero el aficionado urbano no intentará apuntar el telescopio a objetos celestes débiles, como galaxias o muchas de las nebulosas. En un cielo oscuro, con unos prismáticos grandes, podríamos llegar a ver bastantes galaxias, pero en una ciudad es frustrante. Sin embargo, hay un tipo de observación que resulta sencilla y muy gratificante: la observación de planetas.

Si contamos con un balcón orientado al este, al sur o al oeste, podremos ver la luna y los planetas –estos a simple vista- (el sol por descontado, pero su observación necesita filtros y merece un reportaje él solo). Un telescopio nos permitirá gozar de unas maravillosas imágenes: Mercurio será complicado, pues generalmente está bajo, cerca del horizonte, y resulta dificultoso encontrarlo. Venus, sin embargo, es muy sencillo de localizar ya que es el planeta más brillante y siempre se le ha conocido, desde la antigüedad, como el lucero de la mañana o de la tarde. En estas fechas lo podemos ver al sur-este antes de amanecer e incluso con las primeras luces del alba. A través del telescopio, observaremos algo muy parecido a una luna en miniatura ya que presenta fases como ésta. Resulta entretenido seguir su evolución durante varias semanas y apreciar la evolución de las fases. Marte, de un color anaranjado, siempre que esté en oposición (a la mínima distancia posible) nos deleitará con una multitud de detalles: casquete polar, accidentes geográficos con diferentes tonalidades ocres y verdosas, e incluso a veces con tormentas de polvo que llegan a ocultar cualquier tipo de detalle.

jupiter y europ...
jupiter y europa jupiter y europa
Júpiter, el gigante gaseoso, es de los más fotogénicos: incluso con pocos aumentos podemos ver que está achatado por los polos y que nos muestra una serie de bandas nubosas. Con un telescopio pequeño veremos al menos las dos bandas principales. Desde hace unos meses una peculiar circunstancia meteorológica ha enmascarado una de las bandas, con lo que para fascinación de quienes acostumbramos a ver Júpiter, nos muestra un retrato muy diferente al habitual. Junto a Júpiter, sus cuatro satélites principales. En una misma noche puede ocurrir que estos satélites presenten fenómenos mutuos, como tránsitos u ocultaciones, añadiendo un aliciente extra a la observación de Júpiter.


saturno
saturno saturno
Saturno es uno de los objetos favoritos para apuntar un telescopio de aficionado. A bajo aumento ya apreciamos claramente sus anillos. Con un poco de aumento, llegamos a apreciar alguna banda en la esfera del planeta, pero nos cautivará el sistema de anillos. Un telescopio de solo 6 cm. de diámetro ya nos permite visualizar el anillo exterior y la línea oscura conocida como división de Cassini que lo separa del anillo interior. Con un poco de práctica notaremos, igual que cuando observamos Júpiter, una gran variedad de matices de color. Cerca de Saturno, Titán, su satélite más brillante, aunque no el único ya que podríamos ver bastantes dependiendo del telescopio y la calidad del cielo. Urano y Neptuno son difíciles de ver desde ciudad, pero de cualquier manera no son planetas especialmente bonitos: un par de esferas verde azuladas.

luna tycho-clav...
luna tycho-clavius luna tycho-clavius
La Luna la dejamos para el final. Si hay un astro que indiscutiblemente da juego en los cielos urbanos, es la Luna. Solo hay una ocasión en la que su visión no está aconsejada: cuando está “llena”. Es frecuente entre los “noveles” pensar que es la luna llena cuando mejor se va a ver con telescopio, y es precisamente todo lo contrario. Con luna llena prácticamente solo podremos ver otros planetas (si es que están visibles), o dedicarnos a estrellas dobles, de las que hablaremos en otra ocasión. La luna llena, al telescopio, es un disco plano, con una sucesión de manchas blancas y grises (que serían relieves y mares) muy difíciles de enfocar.

Sin embargo, cuando está creciente o menguante, el espectáculo que nos muestra es difícil de describir. La primera observación de nuestro satélite a través de telescopio, suele ir acompañada de sonoros ¡oh!, ¡ah! y una buena profusión de interjecciones (vulgarmente palabrotas) que el lector puede imaginar a su gusto. Aparte de la visión de unos paisajes de una aridez y soledad extrema, nos suele invadir un cosquilleo extraño, y la reflexión de cómo es posible que yo, desde mi balcón, pueda estar viendo todo eso tan cerca cuando está a casi medio millón de kilómetros. Lo mismo sucede al contemplar los principales planetas. Una noche, hace algunos años, estaba yo mismo observando un cometa cerca de la estrella polar con un anteojo sobre un trípode de fotografía, en la puerta de mi casa. Un vecino paseaba arriba y abajo con la clara intención de dejarse ver para que le invitara a mirar por mi telescopio. Como la astronomía tiene un componente muy alto de didáctica entre los aficionados, le invité a ver el cometa (por cierto, últimamente es raro el año que no hay alguno observable a simple vista). A renglón seguido, apuntando al lado contrario, puse Saturno en el ocular y sin decirle nada le pedí que mirara. Después de un rato, que evidentemente estaba disfrutando, levantó la vista del ocular y mirándome con la misma expresión que tienen los niños la mañana de Reyes, me dijo “es Saturno, ¿verdad?”, sí... “es la primera vez que lo veo, y es como en las fotos, pero más pequeño”. Cada quince años, el plano orbital de la Tierra y el de Saturno están alineados, por lo que el sistema de anillos queda de canto respecto a nosotros y durante un tiempo prácticamente desaparece ¡un Saturno sin anillos¡ Esta situación la hemos pasado hace poco (2010), por lo que ahora, de nuevo, Saturno vuelve a lucir su fisonomía acostumbrada.

Pero, volviendo a la Luna, no solamente es un objeto impresionante y sencillo de observar, sino que resulta de lo más entretenido de fotografiar en detalle. Gracias a la tecnología, disfrutamos de webcams, móviles con cámara integrada y pequeñas cámaras digitales. Si aplicamos cualquiera de estos dispositivos al telescopio, nos sorprenderemos que con un poco de maña y práctica llegaremos a conseguir fotos con una calidad que ni siquiera los profesionales podían hacer treinta o cuarenta años atrás.

En el próximo artículo avanzaremos en la observación lunar y su fotografía, ya que son actividades que como hemos descrito, se pueden realizar desde ciudad.



Recursos:

En el mundo de los aficionados a la Astronomía hay varios recursos on-line y en papel de fácil acceso. En cualquier kiosko se puede adquirir “Espacio” y “Astronomía”, las principales revistas de habla hispana. En internet es muy útil acceder a los foros de astronomía especializados. También resulta muy interesante descargarse un planetario virtual para aprender a conocer las constelaciones, identificar los planetas o planificar las observaciones. Uno de los más bellos y a la vez rigurosos es Stellarium (www.stellarium.org) descargable tanto para PC como para Mac.



Pies de fotos: Jupiter y Europa ( Patricio Domínguez) ; Luna: Cráter Tycho y Clavius (Patricio Domínguez) ; Saturno (Patricio Domínguez)

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