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17
May

La luna 2ª parte (G.U. Estudiantes universitarios)

Fichas de astronomía.

2. La observación desde ciudad: la Luna

Las herramientas.

La observación de la Luna requiere, para ver detalles, el auxilio de instrumentos ópticos. El más básico sería unos prismáticos. Con estos, podemos ver con detalle las zonas extensas grises oscuras que tradicionalmente se denominan “mares” (maria, en latín), y en contraposición, los relieves -cráteres, montes – de color más blanquecino. Los prismáticos, al estar diseñados para observación terrestre, tienen la ventaja de mostrar los objetos con la orientación normal, esto es, el norte estará arriba y el este a la derecha. Si conseguimos un mapa de la Luna y lo comparamos con la imagen que obtengamos a través del prismático, podremos seguir los detalles con exactitud, identificando los principales accidentes. Dependiendo de los aumentos del prismático conseguiremos ver con mayor o menos detalle algunos cráteres. ¿Cómo se calcula la potencia del prismático?. Todos los prismáticos incluyen una pequeña leyenda impresa del tipo “ 7x50” y además otra que por ejemplo puede ser “ 115 m. at 1000m.” y “ 6,5º “

Aumentos y escalas

La primera ( 7x50 ) significa 7 aumentos y un diámetro de objetivo de 50 mm., ¿cuánto son 7 aumentos?, pues un objeto situado a 500 m. lo veremos con este prismático como si estuviera situado a 500 / 7 = 71,4 m. de distancia. Nos hemos aproximado 7 veces al objeto.

Si la luna está a una distancia de 384,400 km. de promedio, con los 7 aumentos (se escribe 7x) es como si nos acercásemos a 384,400 / 7 = 54,914 km. Pese a “acercarnos” tanto, la sensación que nos produce verla con prismáticos es poco más o menos como a simple vista. Realmente no es así (basta con alternar la visión con prismáticos y a simple vista para notar la diferencia), pero el hecho de que seguiremos viendo la luna entera, y no por sectores, hace que nos transmita esa sensación.

Y es que el prismático nos ofrece un campo de visión muy amplio. Decíamos antes que hay otras notaciones en el prismático, como podían ser “ 115 m. at 1000 m.” o “ 6.5º”

El primer dato es que en visión terrestre, a un kilómetro de distancia abarcaremos linealmente (de punta a punta del campo de visión) un segmento de 115 m., y el segundo dato, para uso astronómico, (donde no nos sirve el dato de 115 metros...) que la zona celeste que abarcamos mide 6.5º .

¿Y cuánto son esos 6.5º?, bueno, pues nos podemos servir de la Luna para averiguarlo. En el cielo, cuando vemos la Luna a simple vista, ésta tiene un diámetro aparente de ½ º, es decir, 30'. Imaginemos que la bóveda celeste abarcable es justo la mitad de una esfera, esto es, 180º. Pues la luna, en medio del cielo, tiene esos ½ º que hemos dicho, solo la 360ª parte.

Aunque la luna nos parece a veces muy grande, sobre todo cuando la contemplamos a simple vista al salir llena por el horizonte, con un color anaranjado, debido al polvo atmosférico, podemos hacer un sencillo experimento para contrastar su tamaño.

Si extendemos el brazo y cerramos el puño, dejando libre sólo el dedo meñique, podemos intentar “ocultar” la luna con la uña del dedo. Efectivamente, la uña ( ¿a que nos parece pequeña? ) nos bastará y sobrará para taparla.

Volviendo a los datos del prismático, decíamos que la última notación que puede venir indicada eran esos “ 6,5º “ .Puesto que ya sabemos que la Luna mide ½ º , en dicho campo de visión nos podrían caber casi 13 veces la luna puesta una detrás de otra, a 7 aumentos. Evidentemente, aunque veamos muchos más detalles, la sensación visual es que es todavía pequeña. Se impone acercarnos aún más para conseguir más detalle.

El telescopio.

Galileo fue el primero en utilizar un telescopio para observación lunar. Pero sólo obtenía 8 aumentos (poco más que nuestro prismático), y fue capaz de resolver bastantes detalles como lo prueban las maravillosas acuarelas que nos legó.

(Fig. 1 : Acuarelas de Galileo con fases lunares)


Un telescopio moderno de aficionado, aún siendo sencillo, es capaz de ofrecernos en torno a 120 aumentos sin dificultad. Esto supone un acercamiento a poco más de tresmil kilómetros de la superficie lunar. Con un refractor (telescopio de lentes) de sólo 60 mm. de diámetro y estos aumentos, podemos llegar a apreciar cráteres de tan solo 6 a 8 km. de diámetro ( ! ojo, detectar un cráter de este diámetro no es lo mismo que verlo con detalles ¡) así como identificar sin ningún problema los principales cráteres, mares y cadenas de montañas. En Optica Roma podremos ver la mayor exposición de telescopios astronómicos de España, y por supuesto, contamos con modelos de iniciación que permiten realizar observaciones como las aquí descritas.

Algunos ejemplos de cráteres observados a través de telescopio son los que mostramos, dibujados a lápiz por Leonor Ana Hernández (http://www.astronomadas.com/observacion-y-dibujo-astronomico/)

(Fig.2: Ptolomeo. Dibujo de Leonor Ana)


En el primer caso, podemos observar “Ptolomeo”, un cráter de unos 164 km. de diámetro. Con la luz solar rasante, se aprecian claramente cómo se perfilan las crestas de los bordes del cráter sobre el fondo, dando un aspecto verdaderamente sobrecogedor. Un par de veces al año, las sombras provocan un juego óptico de bandas luminosas ,bautizado por José Luis Comellas como “efecto Júpiter”, ya que recuerda a este planeta.


(Fig.3: Stofler. Dibujo de Leonor Ana)


El cráter Stofler, en el polo sur lunar, rodeado entre otros por Maurolycus y Faraday.Este cráter está bastante erosionado, y relleno, siendo relativamente liso. Tiene 126 km. de diámetro y una profundidad de 2,8 km.

(fig. 4: pareja de cráteres en el polo sur lunar.Dibujo de Leonor Ana)

En esta figura podemos apreciar otro par de cráteres de la zona sur lunar. El polo sur nos sorprenderá por la abundancia de cráteres, y por el hecho de que como la luz solar siempre está rasante, provocará unos juegos muy efectistas de luces y sombras.

(fig. 5: Mare Imbrium. Dibujo de Leonor Ana)

En este sector de Mare Imbrium (Mar de la lluvia), llamado así porque antiguamente se pensaba que las zonas lisas y oscuras lunares debían ser mares, podemos ver tres cráteres: Arquímedes (inferior centro izquierda, prácticamente a la sombra) y en medio, Aristillus y Autólico. El mar de las lluvias se encuentra circunvalado por los Montes Jura, los montes Cárpatos, los Apeninos y los montes Caucasus... toda una transposición de geografía terráquea a nuestro satélite. Este mar fue formado por un impacto de una energía asombrosa, de tal magnitud que si hubiera sido 100 veces mayor, hubiera destruido la Luna entera. Las ondas sísmicas que provocó el impacto produjeron en la cara oculta oscilaciones de hasta 10 m. de altura, modelando un terreno muy caótico.

Libros y atlas.

En general, para identificar correctamente los accidentes lunares, necesitaremos el auxilio de algún mapa o libro. Los más indicados son un buen mapa lunar, como el editado por National Geographic ( 19€ ), y alguna guía, bien básica como “Atlas del cielo nocturno”, (de. Akal, 37€) que incluye además de un muy buen atlas celeste, un magnífico atlas lunar de Antonín Rükl, uno de los más afamados astrónomos especialistas en la luna. Si preferimos fotografías, tenemos el “Atlas fotográfico de la luna”, (Cambridge, 31€). Mención aparte merece la “Guía para observar la luna” (Omega, 50€), una magnífica publicación donde podremos observar en detalle una multitud de accidentes lunares. Por último, “Observar la luna”, (Tutor, 8,5€ ) una guía de bolsillo muy sencilla y asequible para los que empiezan.

Las primeras fotos.

Teniendo ya telescopio, y si poseemos cámara de fotos digital, podemos intentar realizar nuestras primeras fotografías lunares. Para ello es necesario un acople mecánico que una la cámara al telescopio, bien a primer foco (donde el telescopio se comportaría como un teleobjetivo), bien a segundo foco (fotografiaremos a través del ocular, obteniendo mucho más aumento).

En el primer caso, es necesario que la cámara sea del tipo “reflex”, ya que hay que unir el cuerpo de la cámara, sin objetivo, al telescopio, sin ocular.

(fig.6 Acople de la cámara al telescopio, “foco primario” o primer foco)

El aumento que se obtiene de esta manera no es muy alto, pero permite bonitas fotos donde observar los principales accidentes, la luz cenicienta (cuando la luna está en los primeros días), y sobre todo, cuando hay eclipses lunares.

(fig. 7: Fotografía de la luna a primer foco, por Adolfo Bernalte. Optica Roma)

En el caso de fotografiar a segundo foco, por proyección de ocular, obtendremos tanto aumento como el que nos proporcione el ocular utilizado, más un pequeño “plus” que se consigue por la distancia de proyección desde el ocular al sensor de la cámara. Por lo general, al obtener mayor ampliación, la imagen será más oscura y necesitaremos un mayor tiempo de exposición. Debido a esto, será necesario que para evitar que la foto salga movida, debido al movimiento de rotación de la tierra, el telescopio tenga una montura motorizada que compense dicho movimiento.

En este caso, la cámara puede ser reflex, con el objetivo insertado, o bien compacta. Uno de los posibles montajes sería el mostrado en la fig. 8.

(fig. 8: Fotografía a segundo foco o por proyección de ocular)

Además de la motorización, será deseable contar con algún dispositivo que permita disparar la cámara con la menor vibración posible, bien con un disparador remoto inalámbrico o bien utilizando alguna función de disparo retardado. Otra opción interesante es grabar en video HD la secuencia lunar que nos interesa, ya que hoy día la mayor parte de cámaras digitales ofrecen esta opción.

(fig. 9: Fotografía digital, resultado de un procesado de un número mayor de imágenes. Foto de Patricio Domínguez Alonso)

En el siguiente número explicaremos las tipologías de accidentes lunares, su génesis, y ejemplos fácilmente observables de estos.

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